A PARAR LA INTERVENCION MILITAR IMPERIALISTA EN LIBIA

23 Mar

Por una República socialista federada Arabe del norte de África y Medio Oriente

La decisión de la ONU para intervenir en Libia no es una medida humanitaria para “proteger a los civiles”. Fue, en primer lugar, una política cuidadosamente calculada para proteger los intereses imperialistas en el país. En segundo lugar, es un paso hacia la estabilización de toda la región; detener la ola de rebelión al tiempo que garantiza la continuidad en el gobierno de los aliados de occidentes, como los reyes medioevales de Arabia Saudita y Bahrein.

La Resolución 1970 ha sido presentada como el mínimo necesario para proteger a los civiles en la guerra civil. En realidad, deja a las principales potencias imperialistas con las manos libres para actuar como les plazca. La resolución no prohíbe el uso de tropas terrestres, que se han difundido ampliamente. Hace prohibición de cualquier fuerza de ocupación extranjera – pero ninguno de los poderes involucrados tiene ni los medios ni la necesidad de montar una actividad de este tipo, por el momento. No prohíbe el uso de “fuerzas especiales”, como los que Gran Bretaña infiltro hacen dos semanas, o el envío de cualquier número de “asesores militares” para asistir a los nuevos aliados potenciales en el derrocamiento de Gaddafi.

Gran Bretaña y Francia tomaron la iniciativa en la organización de la “zona de exclusión aérea”, porque tenían mucho que perder, la mayoría de la ganancia, con la destabilización de Libia. El acceso a los yacimientos de petróleo fue sin duda un factor, pero también lo fue la recuperación de un mayor control europeo en el norte de África, que ha menudo se refiere como “la frontera sur de la Unión Europea”.

Los EE.UU., el tercer miembro del Consejo de Seguridad para apoyar la resolución, han jugado un papel diferente, porque Washington tiene otras prioridades. Por encima de todo, tenían que encontrar una manera de fortalecer su posición global en el mundo árabe. La combinación de las guerras de Irak y Afganistán, el llamado de Obama para la democracia en su discurso sobre El Cairo, el derrocamiento forzoso de Hosni Mubarak en Egipto y la disminución evidente en valor económico de EE.UU., puso en cuestión la capacidad de EE.UU., incluso la voluntad, para proteger a los restantes gobernantes árabes, que se ven amenazados por las revoluciones democráticas.

La demora de Obama, fue el resultado del tiempo necesario para acordar el eventual acuerdo con toda una serie de otros estados. Parece que el apoyo saudí, según los informes y el “nuevo” gobierno militar en Egipto tenía que estar tranquilos, al mismo tiempo, que la seguridad de Israel es garantizada.

Una vez asegurado todas estas condiciones previas, Obama se decide a intervenir y una  parte importante de la oferta, de hecho una parte crucial, fue el papel de Rusia y China. Como miembros permanentes del Consejo de Seguridad que tienen derecho a veto sobre todas las decisiones. Podrían haber parado toda intervención simplemente levantando la mano. Ellos no lo hicieron. Y, por supuesto, no se pronunciaron al respecto en el curso del debate. Se negoció y acordó, por adelantado, con los EE.UU., Francia y Gran Bretaña. China y Rusia tienen sus propios pecados en la cruel y violenta represion al pueblo Chechenio y Tibetano respectivamente.

Alemania, en cambio, no tiene derecho de veto. ¿Por qué se abstienen? Aquí, tenemos que tener en cuenta tanto la presión política interna, ya irritada por la implicación en Afganistán, y a más largo plazo, las consideraciones políticas. Al no tener la responsabilidad de la intervención militar, Berlín puede esperar ser capaz de jugar un papel clave en el futuro cuando se trata de “negociar un acuerdo”. Que se aseguraría de que Europa sigue ejerciendo su influencia en la región.

Todo el procedimiento pone de manifiesto el verdadero carácter y propósito de las Naciones Unidas. No es un “parlamento mundial” o un representante de la “comunidad de naciones” es un marco en el que las grandes potencias y sus diferentes aliados subordinados, tratan de resolver las inevitables fricciones entre ellos. El apoyo de la ONU para la intervención militar en Libia no lo hace “legítima”, sigue siendo una intervención imperialista para asegurar los intereses de los imperialistas. Es por eso que los trabajadores y los oprimidos del mundo, pero especialmente los de las principales potencias, Gran Bretaña, Francia y los EE.UU., debe oponerse a la intervención “por todos los medios necesarios”.

LA MALDICION DEL PETROLEO

De los dieciséis países árabes, once son “rentistas”, en el sentido que dependen en gran medida de las rentas del petróleo y el gas para mantener a flote sus estados. De estos,  once estados derivan más del 70% (en algunos casos más del 90 por ciento) de sus ingresos, gracias a la exportación de petróleo y gas. La mayoría están tan llenos de dinero en efectivo que no es necesario el utilizar un sistema de  impuesto sobre sus propios ciudadanos. Y esto que parece una gran regalía,  es parte del problema, ya que al no desarrollar las expectativas orgánicas de la rendición de cuentas que surgen cuando los ciudadanos pagan impuestos, aumenta el poder de la burocracia estatal, debido a que reducen o eliminan la necesidad de los impuestos. Al mismo tiempo también reducen la necesidad de que el gobierno solicite el consentimiento de los sujetos a como utilizar los  impuestos y el gasto publico. Cuanto menor sea el nivel de imposición, hay menos  razones para demandar representación política. “No hay tributación sin representación”, “no hay representación sin impuestos”, era una de las principales demandas de la revolución democrática y política burguesa,

El petróleo ha sido una bendición, pero también una maldición que ha llevado a la apatía de los ciudadanos. Lo que facilita que los estados petroleros estén muy bien centralizados ya que la riqueza petrolera se acumula en el gobierno central. Cuando hay un montón de dinero se facilita a la vez la implementación de un gran aparato estatal de seguridad.

Este aparato de segundad es esencial para la repartija de esos dineros, entre los autócratas, sus familias, sus cortesanos y sus guardianes. El dinero que  fluye a las arcas centrales del Estado- viene a ser como los alquileres que se reciben del arriendo y concesión de los pozos gaseosos y petrolíferos, es como el “dinero de nadie” (sin duda dinero de los impuestos de nadie). En estos sistemas, el estado es  grande, centralizado, corrupto  y represivo. Con estos dineros se diseñan programas de asistencia, bienestar, infraestructuras (casi nunca desarrollo industrial genuino) para comprar la paz política, con cheques de pago del gobierno. La sociedad civil es débil y cooptada. Y la mayoría de la gente está en el “negocio” de servicios para proveer y servir al Estado o el sector del petróleo, o se alimentan de los contratos del gobierno o  representación de las empresas extranjeras.

Donde el petróleo domina, la creación de riqueza a través de la inversión es casi nula, la asunción de riesgos, prácticamente no existe, para qué correr riesgos cuando hay ganancias estables que se realizan sin riesgo. Y luego están las otras caras de la medalla la “paradoja de la abundancia”, como los ciclos de auge y caída que lo acompañan, la dependencia de la importación de los productos básicos, así como la tendencia más general, que con las rentas extraordinarias se apaga el desarrollo  de la industria y la agricultura. 

Hay, pues, desde el punto de vista del análisis marxista, una base económica para la falta de democracia burguesa en el mundo árabe. Tiene que ver con las formas en que el petróleo y el gas distorsionan el estado, incluso el mercado capitalista, la estructura de clases, y el incentivo de toda estructura. Especialmente en una era de altos precios mundiales del petróleo, los efectos de la maldición del petróleo son implacables: Ni uno solo de los 23 países que derivan la mayor parte de sus ingresos de exportación de petróleo y gas es una democracia siquiera burguesa en la actualidad, con la excepción de Venezuela.

El árabe de Oriente Medio es el hogar de cinco de los nueve países con las más grandes  reservas de petróleo, los cinco juntos representan poco más del 46% mundial de las reservas. Dos pilares fundamentales del autoritarismo árabe son políticos. Abarcan  los patrones y las instituciones mediante las cuales los regímenes autoritarios gestionan su política y mantienen su control del poder, junto con el exterior,  las fuerzas que ayudan a sostener sus gobiernos, o sea los regimenes imperialistas. Estas estructuras autoritarias y  prácticas no son exclusivas del mundo árabe, pero los gobernantes árabes las utilizan con un tono alto de refinamiento, y las manejan con una destreza inusual.

Aunque el estado árabe típico no puede ser eficaz todos los días con su mukhabarat (la policía secreta y aparato de inteligencia), este aparato es normalmente ampliamente financiado y técnicamente sofisticado, altamente penetrante a todos los niveles de la sociedad, jurídicamente sin límites, y espléndidamente preparado para beneficiarse de una amplia cooperación con instituciones similares en la región, así como de las agencias de inteligencia imperialistas que los entrenan y les proveen los mas sofisticados equipos de espionaje y represion.  En términos más generales, estos estados son los líderes  “mundiales” en términos de proporción del PNB dedicado a la seguridad y los aparatos de represion para controlar a sus ciudadanos.

Sin embargo, la mayoría de las autocracias árabes no se basan solamente en la coerción y paliativos frente a el miedo de sus ciudadanos para sobrevivir. Más bien, la represión es selectiva y muy mezclada con los mecanismos de representación, consulta, y cooptación, elecciones pluralistas limitadas, juegan un papel importante en aproximadamente la mitad de las autocracias árabes.

El apoyo externo para los regímenes árabes, históricamente venia en parte de la Unión Soviética, pero ahora viene principalmente de Europa y los Estados Unidos, quienes le confieren a las autocracias árabes importante recursos económicos, asistencia en  seguridad, y la legitimidad política para poder sostenerse. En estas circunstancias, para los regímenes no-petroleros, como Egipto, Jordania y Marruecos, la ayuda exterior como el petróleo, los flujos de ayuda a las arcas centrales del Estado y  ayuda para darle los medios tanto para cooptar y reprimir. Desde 1975, EE.UU. ha ayudado a Egipto con casi $ 50 mil millones que ha fluido a ese país en incondicional  ayuda militar desde el 1978.

Dos factores externos refuerzan aún más la hegemonía interna de las autocracias árabes. Uno de ellos es el conflicto árabe-israelí, que cuelga como un miasma tóxico sobre la vida política de Oriente Medio. Proporciona una lista y los medios convenientes de desviar la frustración al público alejándolo de los permanentes escándalos de corrupción y las violaciones de los derechos humanos, para que no se convierta en ira ciudadana. Los gobiernos déspotas llevan a centrarse a sus nacionales en los medios de comunicación privados y estatales árabe, que representan por igual emotivamente la opresión israelí de los palestinos – y la ayuda simbólica de los estados árabes. Las protestas por las deficiencias de los regímenes árabes, la mala calidad de los servicios educativos y sociales, la falta de puestos de trabajo, responsabilidad, transparencia, y la falta de libertades democráticas  están  prohibidas ser manifestados públicamente. Pero los públicos árabes pueden descargar su ira leyendo la prensa y en las calles en el reino aquel, en que es seguro y las autocracias árabes no corren ningún riesgo frente a sus pueblos: la condena de Israel, lo que en el fondo no es mas que un saludo a la bandera en vez de una ayuda política y militar efectiva y real al pueblo palestino.

El segundo factor externo es la de los estados árabes mismos, que  se refuerzan mutuamente en su autoritarismo y sus técnicas de vigilancia, el aparejo, la represión, y que a lo largo de décadas han convertido los 22 miembros de la Liga Árabe en un club de autócratas sin arrepentimientos.

De todas las principales organizaciones regionales que hay en nuestro planeta, la Liga Árabe es el la que tiene menos normas democráticas y los medios para la promoción o fomento de ellos. De hecho, sus estatutos, que no ha sido modificada por la mitad de un siglo, carecen de cualquier mención a los derechos democráticos o los derechos individuales. Más allá de todo esto es la falta de siquiera un solo ejemplo claro de democracia árabe, lo que significa que no hay una fuente de difusión democrática o emulación dentro del mundo árabe. De ahí que todas las manifestaciones de descontento que sacuden hoy día al mundo árabe, ponen el énfasis en la falta de derechos democráticos e individuales.

TRANSFORMAR LOS LEVANTAMIENTOS EN UNA REVOLUCION PERMANENTE CONTRA LOS DICTADORES Y EL IMPERIALISMO

Dos años y medio desde el inicio de la crisis imperialista mundial, estamos asistiendo a un desarrollo revolucionario en el mundo árabe. No nos sorprende que los levantamientos revolucionarios en los que los trabajadores y los pobres se lanzan valientemente contra los churros, escudos y vehículos blindados de la policía, no se están produciendo en Europa, sino más bien en el norte de África donde el imperialismo estadounidense y europeo ha explotado a las masas por siglos, aplastó a la inspiración para luchar contra el imperialismo y los sionistas a través de los servicios brutales de los dictadores y reyezuelos más crueles. Ahora el flujo de masas se encuentra en las calles luchando para derrocar a las dictaduras instaladas, armadas y defendidas por el imperialismo.

El objetivo de derrocar a los dictadores y con ello la clase de capitalistas compradores, expresa el carácter democrático de esta apertura de la revolución democrática. Las masas del norte de África y Oriente Medio a pesar de su de-colonización nunca han pasado por la experiencia de la democracia burguesa y sus ilusiones asociadas. Naturalmente, muchas de las personas en las calles creen que el derrocamiento de las dictaduras y la creación de una democracia, bajo el control de las masas, o con el apoyo del ejército, hará que sus necesidades básicas serán satisfechas. Sin embargo, esta apertura “democrática” de la revolución nacional será aplastada si tiene por único objeto la creación de una democracia parlamentaria y no se desarrolla en una revolución obrera y popular extendida por todo el mundo árabe y, finalmente, Europa.

El carácter nacional y democrático del levantamiento debe combinarse y no pueden separarse. El imperialismo divide el mundo árabe en muchos países con el fin de dividir y controlar a las masas. La cuestión nacional en el mundo árabe no puede ser plenamente resuelta a menos que la revolución se convierte en internacional y cree una nación árabe. Esto fue entendido por diferentes dictaduras bonapartistas nacionalistas en la región que intentaron varias veces crear una nación árabe unificada. El más famoso de los cuales fue el proyecto de Nasser, el régimen Battista de Siria para crear una nación árabe de norte a sur. La traición de este proyecto nacionalista pan-árabe de Nasser y los baazistas con la burguesía nacional, el imperialismo y los partidos estalinistas contribuyeron a décadas de derrotas en los países árabes y la pasividad de las masas.

Ahora, la cuestión nacional y democrática esta en la agenda. Esta vez las masas son las que deben ser la  fuerza impulsora detrás de una aspiración democrática y nacional. Los eventos, en Egipto y Túnez demostraron que la unificación nacionalista pan-árabe no es todavía una seria preocupación de las masas. Su atención se centra hoy en día la cuestión económica. Al igual que en la revolución rusa se exige en Egipto, Yemen y otros países pobres, el pan, el empleo y el fin de las dictaduras que no han podido satisfacerles sus demandas. Sin embargo, estas aspiraciones económicas y democráticas de las masas no se puede resolver haciendo caso omiso de la cuestión nacional, ya que sin derrotar al imperialismo estos neo-colonias no puede ganar la independencia nacional verdadera.

Por lo tanto para tener éxito, la revolución debe ser unificada a través de las fronteras y esto sólo puede hacerse si la lucha de masas para completar las tareas democráticas de la revolución nacional se traslada a la revolución socialista, para derrotar a los imperialistas y de derrocar a sus agentes, no sólo las dictaduras, pero las burguesías nacionales en todos estos países. Por la creación de una República socialista federada del norte de África y Medio Oriente. Esta es la única manera progresiva para resolver la cuestión nacional.

El imperialismo va a tratar de resolver esta crisis mediante la imposición de una fachada democrática, ya sea coaliciones o frentes patrióticos, gobiernos populares de “salvación nacional”, con o sin Asamblea Constituyente para proteger los derechos de la propiedad privada  capitalista. Mientras tanto, a la izquierda oficiales golpistas bonapartistas pueden surgir para gestionar la transición hacia la “democracia”. Pero en última instancia, estos no pueden satisfacer las necesidades de las masas y del imperialismo al mismo tiempo, si es necesario, conspiraran con el alto mando militar para liberar los golpes contrarrevolucionarios para aplastar a las masas. La intervención del  imperialismo tiene por objeto aplastar las revoluciones. Por eso es muy importante para los palestinos, sirios, jordanos, yemenitas, etc. iraquíes a unirse a las revueltas del norte de África, para expulsar al imperialismo y el sionismo de Oriente Medio.

Está claro que el levantamiento de Túnez ha desatado la apertura del comienzo de una revolución democrática nacional en los Emiratos Árabes. En la actualidad hay manifestaciones que van desde Argelia a Jordania y Yemen. Las revoluciones masiva erupción en todo el mundo árabe expresan el carácter fundamental y las contradicciones de los objetivos revolucionarios siguientes: La lucha por la independencia nacional, reforma agraria, el control del comercio exterior, control de los recursos nacionales, sueldos dignos para los trabajadores, ruptura de los acuerdos militares y comerciales con el imperialismo, solamente se puede alcanzar bajo el liderazgo de la clase obrera y el combate por el gobierno obrero popular y campesino.

Durante el período post-colonial, en las guerras y las luchas por la liberación, una débil burguesía compradora subordinados al imperialismo se tomo las riendas del poder, a menudo utilizando la retórica revolucionaria, pero en última instancia, actuando en los intereses del capital financiero imperialista y una clase burguesa nativa compinche del imperialismo. Sin la rápida aparición de un partido obrero revolucionario capaz de dirigir a las masas para crear órganos democráticos de poder de los trabajadores, la consolidación del poder en manos de la clase burguesa compradora – exportadora contrarrevolucionaria  continuará estrangulando la incipiente revolución árabe.

La clase obrera de Túnez, el Magreb y África del Norte se enfrenta a la necesidad de llevar a cabo las tareas nacionales y democráticas que fue incapaz de realizar la burguesía, que hoy en día, sólo puede hacerse a través de la formación de los consejos obreros y las milicias populares. La burguesía de Túnez ha demostrado ser demasiado débil y demasiada corrupta para llevar a la revolución contra la dictadura a través de la plena independencia del imperialismo, no pueden avanzar y sostener la democracia ni superar las limitaciones estructurales impuestas por el imperialismo francés y de EE.UU. a través del FMI y sus órganos imperialistas. La incapacidad de los capitalistas locales para liberar a la nación pone a estas tareas de lleno en las manos del proletariado, que vienen a ver su propia liberación económica, vinculada a las tareas inconclusas de la revolución nacional de toda la región – la derrota del imperialismo y sus lacayos burgueses nacionales.

La fuerza motriz de los levantamientos hasta el momento ha sido la clase trabajadora, los jóvenes y los desempleados. Cualquier solución gubernamental que no sea la de un estado obrero va a perpetuar la crisis económica, porque la burguesía no tiene más remedio que mantener la sumisión al imperialismo. El carácter de clase del proceso de levantamiento y revolucionario, es el proletariado. En este vacío el grave peligro es que la formación de un frente popular, un gobierno de coalición de la burguesía, o un golpe de Estado  de oficiales bonapartistas, sería un revés para el proceso revolucionario y establecería en el mundo árabe una solución que solamente mantendría la opresión y  explotación de las masas.

Los liberales están regresando al norte de África y sin duda tratarán de convencer a las masas a aceptar una “reforma”, versión de coalición o convocatoria a un gobierno burgués sin los elementos del régimen corrupto. Nada de esto es aceptable para avanzar en la democracia o el proceso revolucionario.

EXPULSAR LAS FUERZAS DE ARABIA SAUDITA DE BAHREIN

Bahrein ha sido siempre único entre los Estados árabes del Golfo que tiene un amplio y activo sector de izquierda. Originado en las tendencias y corrientes Pan Árabes y estalinistas, una vez dirigida por el radical palestino George Habash, que luchó durante mucho tiempo contra la monarquía autocrática y por la extensión de los derechos democráticos. Esto ha sido a menudo junto con las corrientes liberales e islamistas, tanto musulmanes chiítas y sunitas.

No es, por lo tanto, una sorpresa que Bahrein ha sido hasta ahora el estado del golfo Pérsico que ha visto protestas masivas en la escala que hizo caer los gobiernos de Egipto y Túnez.

Las manifestaciones comenzaron el 14 de febrero, tres días después de la renuncia del dictador egipcio Hosni Mubarak, y en el décimo aniversario de un referéndum que había prometido “gobierno constitucional”. Exigiendo la liberación de personas encarceladas durante las protestas en el fraude de las elecciones parlamentarias del año pasado, los manifestantes tomaron el control de Pearl en la rotonda de la capital, Manama, sólo para encontrarse con gases lacrimógenos, balas de goma e incluso fuego de municiones.

En dos semanas, las protestas habían ganado a su lado, más de una octava parte de la población del país, obligando al mayor partido parlamentario (los chiítas islámicos de Al Wefaq) a boicotear el parlamento y el rey Hamad y demandar liberar cientos de presos políticos. Ahora la dinastía de los Al Khalifa está tratando de aplastar al pueblo de Bahrein, con el apoyo de un “mini-invasión” por las fuerzas de seguridad combinadas de Cooperación del Golfo (CCG), de la que Bahrein es miembro. Esta intervención de los países del CCG, muestra las dos caras del oportunismo político, cuando se compara con sus pretensiones de “apoyo” a los rebeldes anti-Gadafi en Libia.

Al igual que los otros países del CCG, Bahrein fue una vez un “protectorado” del Imperio Británico, la familia en el poder, deriva su legitimidad del régimen de pasado colonial de Gran Bretaña. Sus recursos petroleros propios, sin embargo, son más pequeñas en relación con su población que todos los cinco de sus miembros del CCG: Qatar, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Arabia Saudita y Omán. Al igual que Dubai en los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein ha desarrollado principalmente como un centro de servicios comerciales y financieros, así como jugar un papel militar importante en la organización de la Quinta Flota de Estados Unidos.

Por otra parte, Bahrein ha sido menos dependiente de los trabajadores extranjeros migrantes que sus vecinos. Mientras que los residentes extranjeros forman ligeramente más de la mitad de su población de 1,2 millones, la mayoría de los ciudadanos nativos de Bahrein siguen siendo dedicados a la producción de bienes y servicios, como asalariados, profesionales o dueños de pequeños negocios. La consecuencia es que el principal obstáculo para la revolución en otras partes del Golfo ha sido en gran parte: a saber, la existencia de una casta grande, privilegiada e improductiva de “nativos”, que esquilma a un sector súper explotado de migrantes, en Bahrein la clase trabajadora nativa es mas fuerte.

Debido a que no se ha podido explotar las divisiones de clase reforzada por las divisiones nacionales, el régimen ha recurrido en cambio, el sectarismo religioso. Bahrein tiene una mayoría musulmana chiíta, que es gobernada por una monarquía musulmana sunita. Los musulmanes chiítas están excluidos de zonas enteras de empleo estatal, mientras que la seguridad de Bahrein recluta fuerzas de los musulmanes sunitas de  afuera: de Siria, Jordania, y las regiones tribales de Pakistán baluchi.

Bahrein también se encuentra cerca de la región productora de petróleo de Arabia Saudita, con una mayoría oprimida de la población chiíta de sí mismo. La perspectiva de una revolución democrática en Bahrein es por tanto una amenaza mortal – a los gobernantes saudíes, y, con ellos, a todas la petro-monarquías del golfo. Incluso el qatarí de televisión Al Yazira, cuya cobertura ha jugado un papel tan importante en la revolución de Egipto, ha sido prudente al informar los ataques del gobierno de Bahrein a su propio pueblo, permitiendo que las acusaciones a favor del régimen, sobre la sombra de ‘la participación iraní” pase sin comentarios. Los socialistas deben oponerse a la intervención liderada por Arabia Saudita, y exigir su retirada inmediata.
FUERA LOS YANKEES Y LA OTAN DE LIBIA

APOYAR LA REVOLUCION LIBIA Y ARABE

La rebelión contra la dictadura de Gadafi merece nuestro apoyo incondicional y esto no cambia por la decisión de la ONU. Aquellos que se oponen a los estados poderosos tienen el derecho a levantarse en armas dondequiera que puedan y aprovechar cualquier debilidad de sus opresores. Esto sigue siendo cierto incluso cuando las debilidades son el resultado de la acción imperialista. Potencialmente, las fuerzas anti-imperialistas en Libia se encuentran en una posición difícil en este momento. Ellos tienen que luchar en tres frentes: político e incluso militar. En primer lugar, contra el ataque occidental, a continuación, tanto contra Gadafi y los lacayos de Occidente en Bengasi.

Los revolucionarios y los insurgentes libios pueden retomar posiciones, socavar la moral o la lealtad de las tropas de Gadafi e incluso avanzar sobre la capital, Trípoli, eso seria un paso adelante para la Revolución Libia y podría material y políticamente ser una derrota para los planes imperialista de ocupar Libia y renegociar nuevos acuerdos con los imperialistas y sus planes que “algo tiene que cambiar, para que todo sea igual”. Esta es la única manera de restaurar la fuerza política de la insurrección popular y su legitimidad a los ojos del pueblo árabe y otras fuerzas de todo el mundo, que luchan contra el imperialismo y el capitalismo.

Al mismo tiempo debemos oponernos a los ataques de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. El ataque imperialista permite a Gadafi posar en su país y a nivel internacional  como defensor de la nación. Le proporciona una causa popular donde antes no tenía ninguna. Ahora puede intentar recuperar a parte del pueblo y desplegarla contra la revolución.

Obviamente, los imperialistas están buscando aliados potenciales dentro de la oposición a Gadafi, con quienes puedan llegar a un acuerdo que garantice sus propios intereses. Tal acuerdo podría incluso incluir a elementos de la actual administración de Gadafi. La composición exacta del Consejo Nacional de Transición de Bengasi no está clara, pero es probable que contenga a figuras listas para llegar a un acuerdo y establecer un nuevo régimen no mejor que el de Gadafi.

Sin embargo, reconocer el peligro no es lo mismo que llegar a la conclusión de que es inevitable. En el “aquí y ahora”, la tarea principal de los revolucionarios en Libia es fortalecer el papel y la capacidad de la clase obrera y de los pobres urbanos en la lucha contra Gadafi. Ellos necesitan construir sus propias organizaciones, sindicatos, grupos de mujeres de la clase obrera, comités de barrio y su propia milicia.

Estas organizaciones son necesarias ahora en Bengasi contra Gadafi – y pueden ser necesarias mañana contra los que se han comprometido con los imperialistas, e incluso contra los imperialistas mismos. Pero lo primero es lo primero. Hoy la población se ha movilizado contra Gadafi, pero está liderada por dirigentes autoproclamados, los trabajadores deben de exigir que estas personas se subordinen al control popular; hacer públicas sus reuniones, informar sobre sus decisiones, y vetarlas si no significan progreso para la causa, democrática obrera y popular.

Al igual que Gadafi, al igual que los imperialistas, los trabajadores de Libia necesitan aliados internacionales. Deberían volverse primeros hacia sus vecinos, los trabajadores de Egipto y Túnez y del resto del Mundo Árabe. Una vuelta atrás en Libia sería una amenaza para los progresos de las revoluciones en toda la región. Igualmente, el apoyo de los trabajadores de la región a la Revolución Libia podría dirigir la marea no sólo contra Gadafi, sino también contra los planes de los imperialistas.

La velocidad de los acontecimientos en Libia subraya la necesidad de que la clase obrera, donde quiera que se presenten y desarrollen crisis revolucionarias, es antes que nada organizar su propia fuerza política independiente del estado, los patrones y los imperialistas, y su propio liderazgo, un partido revolucionario comprometido no sólo como en este caso preciso, en derrocar a Gadafi a través de las movilizaciones de la clase trabajadora y sus organizaciones, sino en poner el poder en manos de dichas organizaciones. Sólo esa estrategia, la estrategia de la revolución permanente, puede internacionalizar la Revolución y defenderla contra la contrarrevolución y los imperialistas.

En Libia los imperialistas no quieren de ninguna manera que surja una situación revolucionario, que ellos no puedan contener. Ellos están tratando desesperadamente de contener la marea de la revolución radical de todo el mundo árabe. Todo esto pone de manifiesto la hipocresía de los imperialistas apestoso, ya sea vestidos de EE.UU. o Europa, ya sea que se esconden detrás de instituciones como la Unión Europea o las Naciones Unidas. Y la izquierda no debe caer en cualquiera de sus engaños.

Los marxistas  deben “explicar pacientemente” lo que está sucediendo y por qué está sucediendo. Tenemos que explicar las verdaderas razones que están detrás de cualquier acción de las potencias imperialistas. ¿Cuáles son sus intereses materiales? Las potencias imperialistas que están explotando a sus trabajadores, en los EE.UU., en Europa y más allá, están explotando a los pueblos del mundo colonial y cual es el rol que han jugado esas dictaduras, incluyendo la de Gaddafi ahora, cualquiera haya sido su inicio con la “revolución verde”, que deslumbró a montones de organizaciones centristas que oscilan entre el estalinismo y la revolución.

Las ondas de choque de las revoluciones de Túnez y Egipto siguen propagándose en todo el mundo árabe y más allá. Libia se encuentra en el centro de la agitación revolucionaria. Los acontecimientos están evolucionando día a día, de hora en hora, pero todo depende hoy en la extraordinaria movilización del pueblo libio.

Cientos de miles de libios se han levantado para atacar la dictadura de Gaddafi, a menudo con sus propias manos, ciudades y regiones enteras han caído en las manos del pueblo insurgente. La respuesta de la dictadura ha sido implacable: la represión despiadada, las masacres, bombardeos de poblaciones con armas pesadas y ataques aéreos.

Hoy en día, es una lucha a muerte entre el pueblo y la dictadura. Una de las características de la revolución Libia, en comparación con las revoluciones de Túnez y Egipto, es la fragmentación de la policía y los aparatos militares. Hay enfrentamientos dentro del propio ejército, una división territorial, con la confrontación entre las regiones y ciudades controladas por los insurgentes y la zona de Trípoli sobre la base de la fuerza militar de la dictadura. La dictadura Libia representa la injusticia social también la represión, ataques a las libertades y los derechos elementales.
La revolución Libia es parte de todo un proceso que abarca todo el mundo árabe, y más allá. Los procesos revolucionarios en Túnez y Egipto se están radicalizando. Juventud y el movimiento de los trabajadores están presionando aún más sus movimientos. Todas las formas de continuidad con el antiguo régimen están en tela de juicio. La demanda de una asamblea constituyente, con la oposición a todas las operaciones de rescate del régimen, se están  haciendo cada vez más fuerte.

En ambos países, Túnez y Egipto, el movimiento obrero se está reorganizando en el incendio de una ola de huelgas para la satisfacción de las demandas sociales vitales. Este aumento revolucionario adquiere formas que son particulares y desiguales, según los países: violentos enfrentamientos en Yemen y Bahrein, las manifestaciones en Jordania, Marruecos y Argelia. Irán también está una vez más afectado por un brote de luchas y manifestaciones contra el régimen de Ahmadinejad.

Es en este contexto que la situación en Libia tiene una importancia estratégica. Esta nueva subida ya lleva en sí los cambios históricos, pero su desarrollo puede depender de la batalla de Libia. Si Gadafi toma el control de la situación otra vez, con miles de muertes, el proceso será más lento, contenido o incluso bloqueado. Si Gadafi es derrocado, el movimiento entero como resultado se estimula y amplifica, derrotando los planes imperialistas para el control del petróleo y la defensa del gendarme del Medio Oriente, Israel. Por esta razón, todas las clases dominantes, todos los gobiernos, todos los regímenes reaccionarios del mundo árabe son más o menos de apoyo a la dictadura Libia.

Es también en este contexto que el imperialismo de EE.UU., la Unión Europea y la OTAN se están multiplicando las operaciones para tratar de controlar el proceso que está en marcha. Así que, como sucede a menudo, el imperialismo utiliza el pretexto de una “situación de caos”, como se lo llama, o de “catástrofe humanitaria” para preparar una intervención y tomar el control de la situación otra vez. Estamos totalmente en contra de cualquier intervención militar o de bombardeos por las fuerzas imperialistas en Libia.

Nadie debe llamarse a engaño sobre los objetivos de las potencias de la OTAN: quieren confiscar las revoluciones contra el progreso de los pueblos de la región, e incluso aprovechar la situación para ocupar nuevas posiciones, en particular el control de las regiones petroleras. Es por esta razón fundamental de que es necesario rechazar cualquier intervención militar por del imperialismo estadounidense. El pueblo libio, que han comenzado el trabajo por conquistar sus libertades, debe de terminarlo, con el apoyo de los pueblos árabes de la región, y todas las fuerzas progresistas a nivel internacional que puedan contribuir con su solidaridad y su apoyo.

Hay una gran confusión en los activistas a nivel internacional sobre la cuestión de Libya. Gaddafi fue visto como uno de los líderes progresistas del mundo árabe y que se oponía al imperialismo de EE.UU… Él tenía y tiene muchos seguidores. Uno de ellos fue Zulfiqar Ali Bhutto en Pakistan, padre de Benazir Bhutto, que nombró a uno de los estadios principales de Pakistán como Qazafi [Gadafi] Estadio. Gaddafi no se le ve lo mismo que Hosni Mubarak, Ben Alí y otros. Ahora la amenaza de intervención de la OTAN también está creando cierta confusión entre los activistas progresistas.

No es oponerse al imperialismo apoyando a dictadores que masacran personas que están haciendo una revolución. Eso sólo puede reforzar el imperialismo. La tarea fundamental del movimiento revolucionario a nivel internacional es la defensa de estas revoluciones y oponerse al imperialismo mediante el apoyo a estas revoluciones, no a los dictadores.

Estamos en el lado del pueblo libio y las revoluciones árabes que están en curso. Debemos expresar nuestra solidaridad incondicional, por los derechos civiles, democráticos y sociales que están surgiendo en esta revolución. Una de las prioridades consiste en apoyar todas las ayudas para el pueblo libio – Tenemos que evitar que la masacre del pueblo libio a manos de Gadaffi o del imperialismo y la Otan

¡Solidaridad con las revoluciones árabes!

¡Apoyo al pueblo libio!

¡Ninguna intervención imperialista en Libia!

¡Fuera de Libia los Yankees y la Otan!

Diego Carmoni

Revolución Proletaria

Marzo, 2011

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El Día Internacional de la Mujer Trabajadora, celebra su 100 aniversario este 8 de marzo.

4 Mar

Algunos lo utilizan para enfatizar la hermandad contra la opresión de la mujer. Para otros es una oportunidad para celebrar los logros de las mujeres.

Habrá eventos para celebrar las mujeres que triunfan en los negocios y la política, y crear conciencia de las mujeres como víctimas de la violencia doméstica, la violación y la guerra.

Para nosotros lo mas importante son las discusiones sobre las luchas de las mujeres trabajadoras por la igualdad, y de la idea del Día Internacional de la Mujer como un evento para celebrar la lucha de las trabajadoras.

Todo el mundo está de acuerdo en que las mujeres han recorrido un largo camino desde el primer Día Internacional de la Mujer en 1911. Su historia es de las mujeres que trabajan uniéndose a los trabajadores de ambos sexos para luchar contra los empleadores y el sistema opresor.

Clara Zetkin, era una socialista revolucionario en el Partido Socialdemócrata Alemán, propuso por primera vez en 1910 un  día de la mujer trabajadora. Zetkin había sido elegida líder del Departamento de la Mujer y había ganado basándose en el argumento de que en la campaña de los socialistas por derecho a la votación debía ser para los hombres y las mujeres de la clase obrera.

Zetkin eligió el 08 de marzo porque ese día en 1908 unas 15.000 trabajadoras de las industrias de las agujas en Nueva York, marcharon demandando el derecho a voto, mejores salarios y una vida digna de vivirse.

El Partido Socialista de América, declaró el primer Día Nacional de la Mujer, que se celebra en los EE.UU. el 28 de febrero de 1909.

Más tarde ese año, en el New York Shirtwaist las trabajadoras se declararon en huelga, conocido como: “el levantamiento de las 20.000”. Muchas de las mujeres inmigrantes habían votado para iniciar un sindicato y fueron despedidas de inmediato.

Cuando la empresa puso aviso para contratar nuevas obreras, las demás trabajadoras se fueron en huelga. Ellas protestaron durante cinco semanas, soportando los ataques de los matones a sueldo de la empresa y el acoso policial.

Los dirigentes sindicales trataron que los demás trabajadores votaran la huelga de solidaridad con las huelguistas, Clara Lemlich, una joven trabajadora, se dirigió a la multitud en yiddish, el idioma que la mayoría de ellos hablaba.

Ella llamó a una huelga general contra las largas horas de trabajo, los jefes abusivos y las terribles condiciones laborales. Esto inspiró a que 20.000 trabajadores de la confección en Nueva York se fueran en huelga.

La huelga fue testigo de un debate entre los reformistas que apoyaron la acción y los socialistas, que intervinieron militantemente en el conflicto. Los socialistas argumentaron que las trabajadoras de la confección, tenían las mismas preocupaciones y problemas que sus colegas hombres.

Esto significaba que la lucha unida de los hombres trabajadores y las mujeres de la clase obrera, era la única manera de conquistar un cambio social y político verdadero.

Los empleadores aterrorizados que perderían una fortuna en la próxima temporada de la moda si continuaba la huelga, acordaron finalmente una semana más corta, vacaciones pagadas y al pago de todas las herramientas de trabajo.

Fueron estas luchas que los socialistas querían celebrar cuando Zetkin propuso el Día Internacional de la Mujer en una conferencia de mujeres socialistas en Copenhague en 1910.

El desastre de la Primera Guerra Mundial destruyó el movimiento obrero y los partidos socialdemócratas en Europa, por el hecho que sus dirigentes se pusieron del lado de su propia clase dominante en contra de otros gobernantes europeos, en vez de llamar a la unidad internacional y el derrocamiento de sus gobiernos capitalistas explotadores.

Pero eran las mujeres trabajadoras y los hombres quienes marcharon durante la guerra bajo las consignas de “pan y paz”.

Luego, en Rusia en 1917 las mujeres volvieron a exigir el pan y la paz en las manifestaciones que se iniciaron con la revolución de febrero, llevando al derrocamiento del zar.

Cuando el Día Internacional de la Mujer se planteó de nuevo en la década de los años setenta, las mujeres se lanzaron a las luchas contra todas las formas de opresión, el racismo, el sexismo, la opresión de las mujeres, la homofobia,  contra el imperialismo y la guerra de Vietnam.

En los setenta y ochentas, en América Latina, las mujeres fueron las que llevaron adelante la lucha contra el hambre, la cesantia, la miseria, las torturas y las desapariciones a que sometian a la clase obrera las dictaduras instigadas por el imperialismo norteamericano a gran parte del continente.

Ahora hemos visto en las pantallas de la televisión internacional, como en el Oriente Medio salen las mujeres y los hombres a luchar y  protestar juntos contra la pobreza y la falta de derechos democráticos. Y en nuestro país, como las mujeres de las regiones del Bío Bío y el Maule increpaban a Piñera por la falta de viviendas, servicios y ayuda que produjo el terremoto-maremoto del año pasado.

Pero no todas las mujeres luchan por los derechos de la clase obrera. Las mujeres burguesas que han desempeñado un papel clave en los gobiernos occidentales en las últimas tres décadas, como Margaret Thatcher, Hillary Clinton, Condoleezza Rice y Angela Merkel-estaban felices de hacer negocios con esos tiranos que viven mamando de los petrodólares, o tiranos  latinoamericanos como Pinochet, etc. También en nuestro continente, vemos como presidentas y mujeres a cargo de la dirección política de los gobiernos,  hacen negocios, pactos comerciales y militares con los imperialistas en directo desmedro de las trabajadoras y los trabajadores, y un daño irreparable a nuestro medio ambiente y ecosistemas. 

Las luchas de hoy significan que el Día Internacional de la Mujer puede de nuevo volver a ser un evento cuando nos enteramos de las luchas del pasado.

Esto puede ayudarnos a organizarnos por la liberación de la mujer, por la destrucción del capitalismo y la derrota de los hombres (y las mujeres) de la clase dominante que se benefician de nuestra explotación y opresión.

LIBIA: ¡APOYAR EL LEVANTAMIENTO DE LOS TRABAJADORES Y EL PUEBLO¡

25 Feb

Muammar Gaddafi ha gobernado Libia durante más de 40 años en un estilo único, a veces excéntrico y a veces rayando en lo ridículo, contrastados por su predilección por trajes de safari, gafas de sol, tiendas de campaña beduinas y un detalle, guardaespaldas de 40 miembros, todas mujeres. Robando y disfrutando del producto del sudor de los trabajadores como un reyezuelo medioeval. Gaddafi llegó al poder en un incruento golpe de Estado el 1 de septiembre de 1969, derrocando al rey Idris al-Senussi y proclamando la república de Libia. En 1977, Gaddafi nombró a su país Jamahiriya Libia Popular y Socialista Árabe, que se traduce en “el Estado de las masas”, pero aún así las la toma de decisiones, se hace bajo su dirección y el nepotismo con que gozan sus hijos jugando los papeles principales en el manejo y saqueo personal del país. Se ha mantenido un estricto control sobre los disidentes, incluidos los islamistas, con el uso de “comités de purgas” para mantenerlos bajo control. En la década de 1980, Gaddafi envió escuadrones de la muerte para asesinar a exiliados a los que llamaba “perros callejeros”. En la década de 1990 los rebeldes islámicos en el país fueron aplastados. EE.UU. El presidente Ronald Reagan lo llamó “perro loco” y envió aviones de guerra para bombardear Libia en respuesta ese mismo año, matando a 60 personas, entre ellas la hija adoptiva de Gaddafi. En 1992, las Naciones Unidas impuso sanciones a Trípoli para que a entregara a dos sospechosos libios en el bombardeo al avión de Pan Am sobre Lockerbie, en Escocia en 1988, en el que 270 personas perdieron la vida. La guerra en Irak y el derrocamiento del régimen de Saddam Hussein hizo que muchos líderes árabes repensaran acerca de la facilidad con que podían ser depuestos por el capricho de los Estados Unidos. Muammar Gaddafi, aprendió rápidamente las lecciones de Irak y abandonó su política anti-occidental. Entablando amistad y acuerdos comerciales y comprando equipos bélicos a la Gran Bretaña de Tony Blair. También ha sido homenajeado por Berlusconi, Libia ha invertido en las compañías italianas Fiat SpA, UniCredit SpA y el equipo de futbol Juventus, entre otras empresas. El español Zapatero es otro operador político que ha estrechado acuerdos económicos, políticos y financieros con el déspota libio. En 2004, los EE.UU. levantaron el embargo económico contra Libia, y en el año 2006, la Casa Blanca sacó a Libia de la lista de estados que patrocinan el terrorismo internacional. El petróleo que mueve el capitalismo, necesita que los países árabes mantengan aplastados a sus pueblos, hasta chupar la última gota, para cual agasajan y corrompen a sus líderes al mas puro estilo de la Roma Imperial. No solamente los principales lideres de los países imperialistas han hecho buenas migas con Gaddafi, si no que también lideres de países Latinoamericanos. Y lo que es especialmente desalentador es ver y escuchar, es que algunos de los líderes heroicos e históricos de las revoluciones de América Latina, como el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, llegó a afirmar que Gadafi “esta de nuevo librando una gran batalla”. Cuando Gaddafi en este momento en Libia se comporta como el dictador Fulgencio Batista, Anastasio Somoza, Augusto Pinochet, Hugo Banzer, Carlos Andrés Pérez y otros criminales despreciables del hemisferio occidental. Más astuto e inteligente que el espectáculo grandilocuente de Ortega de solidaridad con Gadafi – y, por tanto, más decepcionante, porque él debe saber mejor – fue la columna que Fidel Castro, escribió ayer, en la que sostenía: “Uno puede estar de acuerdo con Gadafi o no. El mundo ha sido invadido con todo tipo de noticias, especialmente a través de los medios de comunicación. Tendremos que esperar el tiempo necesario para descubrir exactamente cuánto es verdad o mentira, o una combinación de los eventos, de todo tipo, que, en medio del caos, han tenido lugar en Libia. ” Por supuesto, en la medida en que ha sido difícil obtener la verdad de los hechos de Libia es casi en su totalidad a consecuencia de las propias acciones de Gaddafi: se ha cerrado la Internet, teléfonos celulares y líneas terrestres, prohibió a los periodistas extranjeros, y hace todo lo que un tirano puede hacer para evitar que se sepa “la verdad o la mentira.” Y sin embargo, las propias palabras de Gadafi son claras como el día: Un llamado a sus seguidores a ir casa por casa y matar a todo ciudadano que disienta, “atacarlos en sus guaridas”, dijo … con la típica exaltación de los locos, “purificación de las tribus” y la promesa de que “todo se quema.” Que sus palabras se han hecho realidad por las acciones sangrientas a gran escala han sido meticulosamente documentadas en la red de TV Al Jazeera, en YouTube y en el testimonio de los libios que escapan través de la frontera, así como la de los funcionarios militares y diplomáticos que han desertado. Que diga Castro que hay que “esperar y ver” en una hora de crisis política, moral, cuando los trabajadores y el pueblo de Libia se levanta con riesgo de sus vidas por deshacerse de un tirano, no es solo decepcionante, es un llamado para el consentimiento y la complicidad con el genocidio, a manos de un dictador que contrata mercenarios para atacar a su propio pueblo. En Los recientes levantamientos en los países vecinos, Gaddafi envió mensajes de apoyo a Túnez Zine, Ali al-Abdin Ben y Hosni Mubarak de Egipto antes de que esto autocratas cayeran. Él como los otros déspotas árabes están muertos de miedo que los trabajadores y el pueblos les ajuste cuentas por sus crimines y corrupción en la que viven gracias sus suculentos negocios con el imperialismo. Gadafi sigue siendo desafiante a pesar de las protestas en Libia que se iniciaron el 15 de febrero, después de otras manifestaciones violentas contra el gobierno en todo el Oriente Medio, y ha indicado que no renunciará voluntariamente. Es una lucha a muerte entre dos clases opuestas. Al momento de escribir este articulo, de acuerdo a Muammar Al-Gaddafi “reina el orden en Trípoli”. Esto se ve confirmado por los corresponsales extranjeros que dicen que las calles están desiertas, excepto en gran parte por los matones pro-Gaddafi, armados con fusiles Kalashnikov. “Los partidarios del régimen han atacado a manifestantes desarmados con sus ametralladoras y RPG (granadas propulsadas por cohetes), un testigo dijo a la agencia de noticias AFP. El número de muertos es probable que sean muy por encima de las mil y en un informe emanado de los hospitales se habla de la eliminación de cadáveres de las morgues por milicianos de Gaddafi. Según el periodista de Reino Unido en el mundo árabe, Robert Fisk, “en los suburbios de la ciudad, especialmente en el distrito Noufreen, las milicias combatieron durante 24 horas el domingo con ametralladoras y pistolas, una batalla las fuerzas de Gaddafi ganó.” Los enfrentamientos entre los partidarios pro-y anti-Gadaffi se reportan en las ciudades de Sabha en el sur y en Sabratha, cerca de Trípoli. Reuters informó de intensos combates en Az Zawiya en el oeste y una masacre sangrienta por las tropas que rodean los manifestantes. Por el contrario, en el este de Libia, y lo largo de la costa, las fuerzas de la revolución democrática han triunfado. Las ciudades de Tobruk, Bengasi, Cirenaica, Misurata, Derna y Bayda han sido liberados. Secciones enteras del ejército se han pasado a la gente. El General Suleiman Mahmud, el comandante de las fuerzas armadas en Tobruk, le dijo a Al Jazeera: “Estamos al lado de la gente.” El ejército de Libia, en realidad nunca ha tenido la confianza de Gadaffi, de ahí su confianza en los mercenarios, sólo representa una tercera parte de las fuerzas de la represión en el país. Gaddafi ha creado una verdadera guardia pretoriana de las milicias y regimientos especiales, vinculados a él por una variedad de tribus y los vínculos familiares, sino, sobre todo, por los privilegios robados de los ingresos nacionales de petróleo de Libia. Estas personas tienen todo que perder y es en ellos que el carnicero de Trípoli se apoya a “luchar hasta la última bala” para él, sus hijos y su entorno. Las fuerzas represivas, unos 120.000, son enormes para un país de sólo seis millones de personas. Por otra parte, la clase de trabajo nativa de Libia es muy pequeña. Con el apoyo de las grandes multinacionales del petróleo, Gaddafi ha contratado y subcontratado trabajadores extranjeros para dirigir la economía. Se cree que un 1,5 millones de egipcios trabajan en Libia, mas 50.000 habitantes de Bangladesh. Hindúes 15.000 y un gran número de paquistaníes. Del mismo modo, 30.000 turcos constituyen el grueso de la industria de la construcción de Libia y de la industria de ingeniería. A este respecto, Libia como Arabia Saudita y las petro-monarquías del Golfo, donde las regalías del petróleo se utilizan para comprar y armar un aparato represivo enorme, una gran parte de la clase obrera, la fuerza social más peligrosa para todos los tiranos, consiste en ttrabajadores que no son nacionales de esos países y que pueden ser expulsados al antojo de esos tiranos. Esto no ha impedido que el hijo de Gadafi, Seif al-Islam, haya culpado a los egipcios por fomentar la insurrección y prácticamente incitar a pogromos contra ellos. Con el levantamiento la revolución puede implicar una lucha prolongada y sangrienta, a diferencia de las de Egipto y Túnez, se puede, sin embargo arribar al triunfo. Los trabajadores y todas las fuerzas progresistas de todo el mundo deben hacer todo lo posible para ayudar al levantamiento de Libia, ya que ello significa una derrota no solo para esos caudillos y reyezuelos que se roban las ganancias del oro negro, si no que es una derrota para los gobiernos imperialistas que los sustentan. Las fuerzas populares que se han movilizado en contra de Gaddafi deben crear consejos de delegados revocables para dirigir las ciudades liberadas y, junto con los soldados rebeldes, utilizar las armas que han ganado para formar una milicia popular. Cuando Gaddafi sea derrocado, un gobierno provisional, con base en los consejos de los trabajadores (incluidos los egipcios y otros trabajadores “extranjeros”) debe convocar a una asamblea constituyente soberana. Los trabajadores y la juventud revolucionaria deben tomar la iniciativa sobre el método de la revolución permanente, es decir, que no se debe parar hasta que los millonarios de Libia y las multinacionales extranjeras sean expropiados y la economía quede al servicio de una vida decente para todos los que viven en el país, de hecho, en toda la región. Para lograr esto, necesitan urgentemente formar un partido obrero revolucionario, armado con un programa que puede dar una ventaja a la revolución en Libia, al igual que las fuerzas revolucionarias en toda la región. Este partido es la condición previa necesaria para los trabajadores a tomar el liderazgo en la guerra civil, de las manos de los jefes tribales y las secciones de la burguesía del aparato estatal que están desertando de Gadaffi, los trabajadores deben de tomarse el poder ellos mismos. Sólo así se puede estar seguro de que a los trabajadores no les sea arrebatado de sus manos el sacrificio de su victoria como ha sucedido en Egipto y muchas veces en America Latina Sin embargo, un terrible peligro sería la tentación para los libios que la lucha contra el dictador pudieran confiar en las palabras de “simpatía” de los imperialistas europeos y americanos, o recurrir a ellos para invadir el país. Francia, Gran Bretaña y los EE.UU. están hablando de apoyar la democracia solamente para volver a los abusos. Hace apenas unas semanas que estos imperialistas les enviaron armas y equipos para su aparato represivo. En los últimos cinco años, Gran Bretaña y Francia han halagado y adulado al dictador, para obtener tajadas más grandes de la riqueza petrolera del país para sus multinacionales, BP y ELF. El laborista británico, Gordon Brown, visitó la tienda beduina de Gaddafi y el francés Nicolás Sarkozy, lo invitó a París. Los gobiernos de la Unión Europea y la Comisión Europea, mientras protestan por la violación generalizada de los derechos humanos, les tienen más miedo a los trabajadores y los jóvenes que pueden tomarse el poder y a los refugiados que huyen de las masacres y pueden llegar a Europa. Así, su primera respuesta práctica es una racista, el cierre de las fronteras europeas – una vez realizada por el ejército de Libia, ahora ejercida por buques de guerra europeos y de una policía de fronteras reforzado (FRONTEX). Sin embargo, una “humanitaria” intervención militar de EE.UU., la UE o “de las Naciones Unidas”, sería una catástrofe. Su verdadero objetivo sería la de “restablecer el orden”, sofocar las fuerzas vivas de la revolución y defender los “derechos” de las multinacionales occidentales para controlar la riqueza petrolera del país. Al final, el país terminaría como el infierno de las otras invasiones “humanitarias” y “democráticas”, de Irak o Afganistán. En esas condiciones, otros caudillos como Gaddafi podría incluso ser capaz de hacerse pasar por combatientes de la liberación nacional. Apoyamos el levantamiento de Libia y saludamos las manifestaciones de solidaridad con Egipto y Túnez. Los trabajadores de todo el mundo – incluidos los latinoamericanos deben de expresar la solidaridad con el movimiento del pueblo libio, mediante la organización de apoyo material para estas luchas si estas se prolongan. Del mismo modo es que deben organizar un boicot de los trabajadores contra las exportaciones de petróleo de Libia para quitarle a el régimen de Gaddafi sus ingresos petroleros. • ¡Victoria a la revolución Libia abajo con el carnicero de Trípoli! • ¡Trabajadores y jóvenes en Libia: A tomar el control del país a través de los consejos de delegados y milicias! • ¡Difundir la revolución en Argelia, Jordania, Siria, Irán y las monarquías del Golfo! • ¡Abrir las fronteras a los refugiados del terror de Gadaffi. • ¡Romper el bloqueo de Gaza! ¡Y apoyar al pueblo Palestino en su lucha contra el zionismo¡ • Por los Estados Unidos Socialistas del Oriente Medio y África del Norte!

LA JUSTA PROTESTA DEL PROXIMO 11 DE MARZO

18 Feb

El Movimiento de los Pueblos y los trabajadores – MPT, en el marco de la creación de las condiciones para el Paro General debido a las políticas antisociales   del mal gobierno, refrendadas por la Concertación, se vuelve un solo empeño con el Comando por las Demandas Sociales y Populares y llama a protestar el próximo 11 de marzo, fecha en que se cumple un año de la administración Piñera en el Ejecutivo.

Las razones inmediatas de la protesta están a la vista de todo el país y se resumen en el alza del costo de la vida, el precio de los alimentos, del transporte colectivo, de los servicios básicos (luz, agua, energía), de que el salario no alcanza para llegar a fin de mes y el endeudamiento obligado para sobrevivir es pura usura sin regulaciones de los bancos y las grandes tiendas. En marzo, con el inicio del año escolar, ese mismo endeudamiento se multiplicará con creces. Como si fuera poco y a espaldas de la comunidad, se aprobó por la derecha y la Concertación una reforma educacional para terminar de privatizar la enseñanza municipalizada que queda contra la demanda histórica de una educación pública gratuita, de excelencia, democrática, universal y no discriminatoria.

En el territorio nacional, mapuche y rapa nui se intensifica la explotación, la opresión y el despojo contra los trabajadores y los pueblos. Aumenta el trabajo informal, no existe seguridad social, la reconstrucción prometida después del terremoto de febrero de 2010 es insignificante, y el sistema de salud público es un negocio y está colapsado. El Estado sólo se preocupa del bienestar de los grandes empresarios, mientras se concentra el poder económico y político cada vez en menos manos, y la desigualdad social crece día a día.

Actualmente hay más población empobrecida, en tanto el cobre jamás había tenido mejor precio. Pero las riquezas y utilidades producidas por el metal rojo, como la madera y los productos del mar, no se convierten en industrias para el desarrollo diversificado e independiente de Chile y la creación de mayor y mejor empleo. Además de destruir la naturaleza sin remedio, las ganancias se las llevan empresas fuera del país, cuando es producto social del trabajo de millones. Esas empresas ofrecen impuestos ridículos y la población por cualquier tipo de consumo tiene que  pagar un IVA de casi un 20%.  

Cuando la especulación financiera manda en Chile, el pueblo trabajador, los jóvenes, las mujeres, los pueblos originarios de la ciudad y el campo sufren las consecuencias  de un sistema injusto por naturaleza.

Subordinándose a las necesidades y demandas de las grandes mayorías, el Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores – MPT, se hace parte de la protesta del 11 de marzo y emplaza con franco ánimo de hermanos a todas las fuerzas y agrupaciones, movimientos y personas concientes de la gravedad del actual estado de cosas, para que juntos, sin protagonismos estériles y más allá de toda diferencia, le comencemos a doblar la mano a la minoría que administra el Estado de los dueños de todo y que sólo nos desprecia y usa para enriquecerse.

Nuestra política es la lucha por los intereses históricos de los trabajadores y los pueblos. Y el único camino que nos  dejan los todavía poderosos es la unidad, la organización y la protesta social para reivindicar nuestros derechos y detener el abuso cotidiano de un puñado que goza la vida de la abundancia a costa de la sobrevivencia de la mayoría. Ya alcanzan las riquezas para que todos vivamos mejor. Ya es hora de socializar esa riqueza que hoy concentran los menos.

Secretariado Ejecutivo

Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores – MPT

Chile, febrero de 2011.

Declaración de los Socialistas Revolucionarios de Egipto

8 Feb

 ¡Gloria a los mártires! ¡Victoria a revolución!

 Traducido del inglés por Revolución Proletaria

Lo que está ocurriendo hoy en día es la más grande revolución popular en la historia de nuestro país y de todo el mundo árabe. El sacrificio de nuestros mártires ha construido nuestra revolución y hemos roto todas las barreras del miedo. No vamos a retroceder hasta derrocar a los “líderes” de nuestro país y  destruir su sistema opresor que comienza con la salida de Mubarak como el primer paso, este es solamente el comienzo de la revolución.

El traspaso del poder a una dictadura  dirigida por Omar Suleiman, Shafiq Ahmed y otros secuaces de Mubarak sería la continuación del mismo sistema. Omar Suleiman, es un amigo de Israel y Estados Unidos, la mayoría de su tiempo lo pasa entre Washington y Tel Aviv y es un siervo fiel a sus intereses. Ahmed Shafik es un amigo cercano de Mubarak y nada ha dicho sobre la tiranía, la opresión y el despojo impuesto al pueblo egipcio.

La riqueza del país pertenece al pueblo y debe devuelto a los trabajadores. Durante las últimas tres décadas este régimen tiránico se ha apropiado de las más grandes tierras del país, a concentrado el manejo de la riqueza en un  puñado de hombres de negocios y empresas extranjeras. Cien familias poseen más del 90% de la riqueza del país. Que monopolizan la riqueza del pueblo egipcio a través de políticas de privatización, saqueo desde el poder en alianza con el capital foráneo. Han convertido la mayoría de la población egipcia en campesinos pobres sin tierra y trabajadores en desempleados.

Las fábricas las han vendido ridículamente baratas a los amigos del régimen y deben ser devueltas al pueblo. Estamos por la nacionalización de las empresas, la tierra y los bienes robados por estos canallas que controlan el sistema. Mientras nuestros recursos sigan en sus manos no seremos capaces de deshacernos por completo de este sistema. La esclavitud económica es la otra cara de la tiranía política. No vamos a ser capaces de hacer frente al desempleo y lograr un salario justo para una vida decente sin tener que restaurar la riqueza a nuestro pueblo y a nuestros trabajadores.

No vamos a aceptar que los perros guardianes de los Estados Unidos e Israel nos sigan oprimiendo y explotando. Este sistema no se ha mandado solo. Mubarak, como un dictador es un servidor y cliente de los yanquis, actuando directamente en beneficio de los intereses de Estados Unidos e Israel. Egipto actúa como una colonia de Estados Unidos, participó directamente en el cerco tendido al pueblo palestino, hizo el Canal de Suez y le cedió zonas francas del mar y espacio aéreo  para los buques de guerra y aviones de combate que destruyen y matan al pueblo iraquí y afgano. Vende el gas a Israel a precios de huevos, y sofoca el pueblo egipcio con la inflación.

La Revolución debe restaurar la independencia de Egipto, la dignidad y el liderazgo en la región. La revolución es una revolución popular. Esto no es una revolución de la elite, los partidos políticos o grupos religiosos. Los jóvenes de Egipto, los estudiantes, los trabajadores y los pobres son los dueños de esta revolución. En los últimos días muchas de las élites, los partidos tradicionales y hombres de la burguesía liberal, han comenzado a tratar de encaramarse en la ola de la revolución y tratar de arrebatársela sus legítimos propietarios, los trabajadores y el pueblo. Nuestros mártires son los creadores de nuestra insurrección y nuestros jóvenes  siguen firmes defendiéndola. No se les permitirá tomar el control de nuestra Revolución y reclamar que nos representan. Elegimos a nosotros mismos nuestros representantes, quienes son los herederos de  nuestros mártires que fueron asesinados y que con su sangre pagaron el precio para destruir este sistema.

El ejército de un pueblo es el ejército que protege la revolución. Todo el mundo se pregunta: “¿El ejército está con el pueblo o contra ellos?”. El ejército no es un solo bloque. Los intereses de los soldados y oficiales de menor rango son los mismos que los intereses de las masas. Pero los altos funcionarios son hombres de Mubarak, elegidos cuidadosamente para proteger a su régimen de corrupción, mantener su riqueza y la tiranía. Son  una parte integral del sistema.

Este ejército ha dejado de ser el ejército del pueblo. Este ejército no es el que derrotó al enemigo sionista en octubre 73. Este ejército está estrechamente asociado con los Estados Unidos e Israel. Su función es proteger a Israel, no a los trabajadores o a las personas. Queremos ganar a los soldados a la revolución. Pero no hay que dejarse engañar por consignas que “el ejército está al lado nuestro”. El ejército o suprime las manifestaciones directamente, o utiliza la policía para desempeñar este papel, jamás hay ejércitos neutros.

Formar urgentemente consejos revolucionarios. Esta revolución ha superado nuestras expectativas. Nadie esperaba ver esto. Nadie esperaba que los egipcios lucharan cara a cara con la policía. Ahora nadie puede decir que no sacamos la fuerza para obligar al dictador a retirarse. Nadie puede decir que una transformación no ocurrió en El Middan Tahrir.

Lo que necesitamos ahora es luchar hasta el final por las demandas socio-económicas como parte de nuestras demandas democráticas, por lo que las personas que todavía están en sus casas sepan que estamos luchando por sus derechos. Tenemos que organizarnos en Comités Populares, que elijan a sus consejos superiores democráticamente. Estos consejos deben formar un consejo superior que incluyan a delegados de todas las tendencias obreras y populares. Tenemos que elegir a un consejo superior de las personas que nos representan y en quienes confiemos. Hacemos un llamamiento para la formación de consejos populares en Middan Tahrir, y en todas las ciudades de Egipto.

Llamamos a todos los trabajadores de Egipto para unirse a las filas de la revolución. Las manifestaciones y protestas han jugado un papel clave en encender y continuar con nuestra revolución. Ahora necesitamos que los trabajadores se organicen y centralicen, para sellar definitivamente la suerte del régimen. No sólo mediante la participación en las manifestaciones, sino por organizar una huelga general insurreccional en todos los sectores vitales y las grandes empresas.

El régimen puede darse el lujo de esperar a que las sentadas y manifestaciones por  días y semanas, pero no puede durar más allá de unas pocas horas si los trabajadores usan las huelgas como un arma. ! Huelga en los ferrocarriles, el transporte público, en los aeropuertos y las grandes empresas industriales! ¡Trabajadores egipcios! En nombre de la juventud rebelde, y en nombre de la sangre de nuestros mártires, a unirse a las filas de la revolución. ! A usar nuestro  poder y la victoria será nuestra!

¡Gloria a los mártires!

 ¡Abajo el sistema!

¡Todo el poder al pueblo!

¡Victoria a la revolución!

EGIPTO

5 Feb

POR LA EXTENSION DE LA REVOLUCION

A TODO EL MEDIO ORIENTE

Los acontecimientos en Egipto son inspiradores. Cientos de miles de trabajadores han perdido el miedo y han demostrado que incluso la dictadura aparentemente más estable es vulnerable. Las escenas notables que se desarrollan en nuestros televisores y las pantallas de Internet y las historias que salen de Egipto son una muestra del verdadero poder de una clase obrera que se moviliza para lograr cambios.

Por supuesto que hay peligros que el movimiento revolucionario puede ser canalizado y cooptado por un régimen tiránico burgués que sea sustituido por otro, con palabras más amables y una cara más amigable al principio, pero nada cambiaría fundamentalmente. Pero lo más importante es que toda una nueva generación de activistas ha descubierto su poder en las calles, utilizando la acción directa para cambiar las cosas.

Los levantamientos revolucionarios en Túnez y Egipto han sido muy parecidos a los levantamientos de masas que destrozaron el monolítico sistema estalinista en toda Europa Oriental y Rusia después de 1989. Ellos tienen el potencial no sólo de poder cambiar el mapa político de toda la región sino de dar un golpe decisivo contra la política reaccionaria del imperialismo en la región, especialmente la opresión de Israel contra los palestinos.

Por el momento, Egipto ha tomado el protagonismo en los medios de comunicación del mundo, no sólo porque tiene una población muchas veces mayor que la de Túnez, antes que nada debido a su enorme importancia estratégica para Estados Unidos y los países capitalistas de Europa occidental, como uno de los gendarmes del medio oriente.

El régimen de Mubarak es sostenido por $ 2 mil millones al año desde Washington, la mayoría de los cuales va a parar al enorme ejército y aparato de seguridad. Los tanques y las descargas de gas lacrimógeno y balas de goma, son toda cortesía de la Casa Blanca. Mubarak es un aliado clave en el apoyo a la ocupación israelí en la Palestina y juega un papel importante en mantener el asedio de la Franja de Gaza. No es extraño que Hillary Clinton dijo que el régimen de Mubarak es una “fuerza para la estabilidad” en la región.

Las raíces de la rebelión

Los pueblos árabes están hartos de estos regímenes corruptos y serviles al imperialismo. Las raíces de la rebelión en Egipto son los mismos que estaban en Túnez. Pobreza – la mayoría de la población vive con 2 dólares al día y se enfrentan a aumentos drásticos de los precios en los productos alimenticios básicos y de combustible – y el desempleo masivo en la juventud y los estudiantes. Ellas no ven ninguna esperanza de encontrar un trabajo digno. Además, la gente quiere poner fin a la corrupción y echar abajo los regímenes a lo largo de la región que solamente se enriquecen a sí mismos y a sus familias, al tiempo que niegan toda expresión de libertad por medio de la represión, de la brutal represión policial.

En Egipto se están dando todas las características de una situación revolucionaria clásica – las masas no pueden aguantar por más tiempo y han probado heroicamente estar dispuestas a salir a las calles, con todos los riesgos y peligros de muerte que esto significa con el fin de derrocar al régimen. En Túnez fue la muerte de un joven estudiante mientras trataba de ganarse la vida vendiendo verduras que provocó una revolución.

De hecho, los jóvenes y estudiantes han estado en la vanguardia de estas protestas, utilizando todos los medios modernos de comunicación y organización – los teléfonos móviles, Internet, Facebook y Twitter – para desafiar a los regímenes en la calle. Ellos han dejado a los partidos tradicionales muy a la zaga. En Túnez, y ahora en Egipto, rápidamente las masas de la población y detrás de ellos – los profesores, los médicos, el movimiento obrero, franjas de la población de la pequeña empresa – se han levantado en un movimiento de varios millones para exigir el cambio y luchar contra la represión policial.

La clase dominante se ampara en el ejército

En Túnez y en Egipto la policía fue derrotada en las calles y obligada a retirarse. Los líderes de Túnez dejaron que el Presidente Ben Ali huyera del país. El nuevo presidente era otro sinvergüenza y corrupto conocido, este no satisfizo a las masas y llevo a la caída del antiguo régimen.

En Egipto, Mubarak anuncia que no se presentara a las próximas elecciones y solo intenta hacer cambios cosméticos en el gobierno, la reorganización de sus generales, y promete “diálogo con la oposición”. El pueblo no le cree nada de lo que dice y continúan gritando más fuerte aun “Fuera Mubarak, fuera con el régimen”.

Egipto se encuentra en el borde de una guerra civil y en los hechos en una huelga general insurreccional con manifestaciones diarias en las calles, y tal como en Túnez, el ejército está en las calles prácticamente paralizado. Esta es una táctica peligrosa para el régimen – el ejército compuesto de conscriptos mal remunerados y sujeto a la disciplina brutal de sus oficiales, puede volcarse al lado de los que luchan por echar abajo el gobierno. Imágenes de televisión muestran a la población dando la bienvenida a los soldados, con té, flores y discutiendo de política. En las calles se mezclan con los manifestantes, y por la noche con las fuerzas locales de vigilancia de protección de los barrios, al igual de lo que ocurrió en Túnez.

Esto convierte al ejército en una herramienta poco fiable para un régimen en crisis y los generales lo saben. Sin embargo, a pesar de la popularidad del ejército, tanto en Egipto y Túnez, el peligro sigue ahí. Mientras el ejército mantenga su disciplina y jerarquía, este puede ser utilizado en contra de las fuerzas de la insurrección, cuando la estructura del Estado se vea amenazada.

Para que una revolución pueda tener éxito, traer cambios radicales y no sólo cosméticos, la estructura de mando del ejército debe ser quebrada, las tropas de conscriptos y oficiales jóvenes deben ser ganadas al lado de los descontentos. Deben ser organizadas dentro y fuera de los cuarteles al lado de la población, no contra ella.

Lo mismo sucede con la policía y los servicios de seguridad – deben ser desarmados. Si las fuerzas populares no van hacia adelante para tomarse el Ministerio del Interior, ocupar y destruir los cuarteles de la policía, tomando las armas almacenadas allí, estás serán utilizadas contra ellos en los días o semanas que vienen.

“Una transición ordenada”

Algunos en el régimen de Mubarak, sus patrocinadores EE.UU., y gran parte de la oposición tradicional en Egipto están desesperados por lograr una “transición ordenada”. Con esto quieren decir que manteniendo las estructuras de poder, eliminando solamente algunas de las figuras más impopulares. Lo que aterroriza a los gobernantes de Egipto y las potencias occidentales es la revolución, la destrucción de las fuerzas represivas del ejército y la policía y que el poder pase a manos de los trabajadores y sus organizaciones de lucha, y que la revolución se extienda al conjunto de los países árabes amenazando el control del petróleo que mueve al capitalismo.

En este momento los viejos partidos están desesperados por ponerse al día con los jóvenes y los  que luchan en las calles. Ellos están desarrollando maniobras para tratar de hacerse cargo del liderazgo como “negociadores”. Los Hermanos Musulmanes, la más antigua organización islamista, ha demostrado ser profundamente conservadora, no sólo socialmente, sino en negarse a apoyar las manifestaciones en sus primeros días. Mohamed ElBaradei, diplomático de la ONU que nunca había estado cerca de una protesta callejera en su vida, fue llamado de vuelta de Europa a desempeñar el papel de “figura de transición” del imperialismo, si las cosas se pusieran fuera de control.

Ya ha comenzado la negociación. Los EE.UU. han persuadido a Mubarak de no presentarse en septiembre a la reelección. Los partidos de oposición, empujados por las masas en las calles, están exigiendo a Mubarak su salida ahora, antes de que comiencen las negociaciones. Ellos saben que cualquier concesión a Mubarak que permitiera que se quede, sólo significa una cosa, la vuelta de él y sus compinches para que sigan al frente del régimen. Sus promesas de “diálogo” no tienen ningún valor y los egipcios lo saben.

Hacer la revolución permanente

Si las masas no siguen avanzando para destruir el régimen en la lucha callejera van a ser estafados en sus demandas. Una “transición ordenada” supervisada por Washington entregará un nuevo régimen, tal vez incluso con una fachada democrática, pero que no acabara con la pobreza o el desempleo.

De hecho, es más probable que se abra aún más el país a las exigencias del libre mercado y la supresión de las conquistas que se puedan obtener. La analogía con 1989 es apropiada – la contra-revolución democrática que siguió a los levantamientos contra los dictadores estalinistas, llevó a gente como Boris Yeltsin al poder, y a un período de austeridad marcado por la superexplotación del mercado, nunca de progreso.

Las masas deben luchar por sus demandas, hasta lograr el final del régimen, vaya aplastando a los servicios de seguridad, liberar a los miles de presos políticos y elaborar las bases de un ejército a su lado, eliminando a los oficiales reaccionarios y represores. La determinación y la militancia será convencer a los soldados a la destrucción del régimen como está pasando en Túnez y se comienza a repetir en Yemen. Pero las masas tienen que avanzar más allá de sus camaradas de Túnez para poder consolidar la revolución.

Se debe romper la constitución de Mubarak y convocar a una asamblea constituyente que represente todas las fuerzas progresistas en el país. Su objetivo debe ser no sólo establecer las reglas para un nuevo gobierno democrático, sino para establecer planes para resolver el desempleo masivo y la pobreza, expropiar y llevar ante la justicia a Mubarak y sus secuaces capitalistas, frente a la desigualdad flagrante y la crisis económica, expulsar a los imperialistas explotadores y romper toda relación con el estado opresor israelí. El bloqueo de Gaza debe ser levantado inmediatamente.

Para lograr esto las manifestaciones y los comités de vigilancia deben convertirse en los órganos de defensa y organización de las masas. Dicha asamblea revolucionaria tiene que ser protegida de la contrarrevolución. Las organizaciones de clase obrera y los soldados rasos serán cruciales para esta tarea.

Por el momento las masas de Egipto se están movilizando en las calles a favor de la libertad y la democracia y contra la pobreza. Ellos descubrirán, si su revolución se mueve hacia adelante y no hacia atrás, que estas demandas sólo pueden ser alcanzadas si se eliminan de raíz los males que causa este podrido régimen capitalista de Mubarak – y eso significa luchar por derrotar el capitalismo y el imperialismo no sólo en Egipto sino en todo el Medio Oriente.

La revolución egipcia ha comenzado de forma dramática. Todos los ojos están puestos en Egipto. Debemos apoyar a nuestros hermanos y hermanas en sus demandas de democracia, libertad, justicia y pan. La solidaridad y la ayuda práctica a los sindicatos egipcios, a los socialistas y las organizaciones obreras, a protestar contra el imperialismo y su títere faraónico.

Victoria para los trabajadores egipcios.

POR QUE LLAMAMOS A EL PARO GENERAL

29 Dic

A escala mundial, factores como la crisis del capitalismo en las metrópolis, la guerra en Irak y Afganistán entre otras, la reestructuración social-liberal de las direcciones del  movimiento obrero, que se aceleró con la caída de los regimenes estalinistas y sus contradicciones, el debate dentro de la izquierda en cuestiones gubernamentales, la profundidad de la crisis social y política en América Latina, los procesos de Venezuela y en Bolivia, que comienzan a ser criticados y analizados por incluso quienes han sido sus aliados. Preguntas estratégicas comienzan a ponerse de vuelta en la agenda a la orden del día, en los círculos de la izquierda anticapitalista. 

En el terreno europeo, la seguidilla de paros generales, a pesar de los heroicos esfuerzos de los trabajadores, desgraciadamente se han estrellado contra el muro indestructible de unos Parlamentos y unos Gobiernos en alianza con las burocracias de las centrales únicas de trabajadores de esos países que, situados a espaldas de los obreros, no han dudado, ni por un momento, en aprobar las recetas de “austeridad” de la Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo (BCE), el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), formulas cuyos efectos serán devastadores y terribles para los trabajadores y el pueblo.

En nuestro país la huelga de la ANEF, termina en una derrota para los trabajadores fiscales, dejando al descubierto la abierta traición de Martínez al frente de la CUT, en alianza no solo con la Concertación, si no con los mismos personeros del gobierno de Piñera. Todos los medios repetían: ¨{Al igual que Andrade, Carlos Jarpa (PR), los PPD Ximena Vidal y Orlando Vargas y Juan Castro (PS) también se ausentaron de la votación. Lorenzini (DC): “Hubo reuniones secretas entre el gobierno, Andrade y Arturo Martínez (CUT) que no fueron informadas”

Según información de la Dirección del trabajo, en noviembre de este año habían 30 huelgas en curso, las que incluían a casi cinco mil trabajadores. Entre ellos,  los empleados del Casino Monticello, con 39 días en huelga, los mineros de Doña Inés de Collahuasi, con 27 días movilizados y los conductores del Metro, que entonces iniciaban su paro. Entre las tres empresas citadas había casi tres mil trabajadores en huelga.

De acuerdo a las estadísticas de la OIT la cantidad de huelgas legales (Ilegales no hay estadísticas) del año 2001 al 2008 están han ido en aumento. Como lo demuestra el cuadro que sigue:

2001    2002    2003    2004    2005    2006    2007    2008

88        117      92        125      101      134      146      159

“Hacia inicios de diciembre había en Chile decenas de huelgas legales, un paro nacional de los empleados públicos y más de una movilización de organizaciones ciudadanas. Un clima social y laboral no registrado durante más de dos décadas que se expresa, tal vez de un modo paradojal o como un efecto de ello, en un periodo que las estadísticas establecen de muy bajo desempleo y de alto crecimiento económico.” (Paul Walder, Punto Final)

Las huelgas, no pasan de moda a pesar de los empeños de la burocracia para traicionarlas y quebrarlas y los ultraizquierdistas que creen que el movimiento obrero  ya no juega un papel central en el combate contra el capital. En Europa, los sectores más conscientes de la izquierda han comenzado a hacer propaganda por una Huelga General Europea. Aquí en nuestro país, el MPT ha levantado la consigna de un Paro General. El objetivo de esta contribución apunta en esa dirección, se trata de elaborar y debatir sobre el rol que puede jugar esa consigna que pertenece al arsenal de la clase obrera y sus partidos revolucionarios, como una forma de contribuir por un lado a la reorganización del proletariado, como al mismo tiempo centralizar la diferentes luchas que hasta ahora, debido a las maniobras de la burocracia de la CUT se mantienen aisladas, de tal manera que marchemos hacia la unificación y cristalización de los movimiento sociales y huelguísticos en un gran Paro General.

Todo indica que las fuerzas productivas están lo suficientemente desarrollados y que entran en contradicción con las relaciones de producción. Que existe una clase progresiva que es lo suficientemente fuerte socialmente, abarca al proletariado, los trabajadores “informales”, los pobladores y el pueblo pobre. La tercera condición que  es la que se necesita desarrollar, la conciencia política del movimiento obrero y aquí en este punto,  nos enfrentamos a una doble dificultad, objetiva y subjetiva.

Objetiva, porque no es al mismo tiempo, la extensión del proletariado a escala mundial, y sus componente nacionales, sino también un aumento de la diferenciación interna dentro de la clase obrera – de sus estratos ya sean de overol o de cuello y corbata, técnicos o especializados, sexo, nacionalidad, etc. y una diferenciación en la conciencia de clase.

Nos enfrentamos no sólo a “la crisis de liderazgo”, sino a una crisis global de liderazgo revolucionario, de organización y de conciencia, de la que surge la necesidad de reorganizar y de reconstrucción del movimiento de los trabajadores. No es una pregunta como nos habríamos hecho, en los años 1920 y 1930, de la sustitución de una dirección revolucionaria por una reformista, de centro o de un estalinista. Todas estas sustituciones fueron posibles porque se estaban  haciendo en el marco de la misma cultura, en un clima marcado por la dinámica revolucionaria, del impacto e influencia de la revolución rusa.

El factor subjetivo no se reduce hoy, a la construcción de una dirección revolucionaria, o incluso la construcción del partido revolucionario. Hay problemas de múltiples experiencias, organizaciones, debilidad y falta de conciencia del movimiento de masas. Las cuales por supuesto son el resultado de docenas de años de control estalinista, reformista, socialdemócrata y abiertamente contrarrevolucionarios. Existe la necesidad de discutir las mediaciones, para discutir tácticas con el fin de avanzar hacia una amplia gama de organizaciones y partidos anti-capitalistas, para ello debemos situarnos en el terreno de la unidad de clase y la independencia política y organizativa de los trabajadores, con el fin de construir, en las mejores condiciones, la dirección revolucionaria que saltara en el futuro a la palestra política.

Hoy en día, sin necesidad de iniciar de nuevo desde cero, partiendo de la base de la realidad actual del movimiento obrero, lo que es necesario para reconstruir las prácticas, las organizaciones, los proyectos de transformación revolucionaria de la sociedad, sobre la base de una metodología que integre las demandas inmediatas – compatibles con la lógica del capitalismo – y las demandas intermedias que son contradictorias con esta lógica. Combinando las formas de las luchas diarias y cotidianas, con las acciones contra el capitalismo, que transgredan la legalidad capitalista. Rechazar la separación entre un programa mínimo y un programa máximo. Una estrategia revolucionaria es a la vez una estrategia de desgaste del enemigo y de confrontación. Comprende períodos de ofensiva y defensiva, las fases de retirada y de ataque, en función de la lucha de clases.

En este sentido la consigna por El Paro General puede ayudar a las masas en el proceso de su lucha diaria para encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa de la revolución socialista Este puente consiste en un sistema de reivindicaciones transitorias de partida. De las presentes condiciones y la conciencia de amplias capas de la clase obrera y conduce invariablemente a una y la misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado.

Todas las huelgas y acciones de masas son con el objetivo general de obtener la satisfacción inmediata de necesidades. Por lo tanto, es importante que los vínculos de la estrategia revolucionaria a estas demandas de necesidades que no pueden integrarse en el orden socioeconómico capitalista, pero que por el contrario, desatan una dinámica anti-capitalista, que conduce a una prueba de fuerza entre las dos clases determinantes de la sociedad. La conciencia de las masas puede desarrollarse en una dirección revolucionaria sólo si se acumulan experiencias de lucha que no se limitan a las demandas parciales que son realizables en el marco del sistema capitalista. Esta conciencia también se deriva de las demandas que parten de las necesidades inmediatas y plantear la cuestión del poder o la propiedad.

El Paro General

Una de las preguntas clave para nuestra orientación estratégica y táctica consiste en crear las condiciones para la intervención directa de los trabajadores, de las clases populares en el escenario político y social. Para lograr este objetivo, el Paro General representa un elemento central de nuestra estrategia.

El Paro General aparece como una de las hipótesis que puede dar lugar al derrocamiento del capitalismo, desde finales del siglo 19. En primer lugar, como una oleada de energía de la clase obrera. Rosa Luxemburgo tomó la perspectiva de la huelga general, tratando de vincular la dinámica del movimiento de masas a la perspectiva política. “La huelga de masas, la revolución rusa nos mostró, que es un medio ingenioso inventado para dar más fuerza a la lucha proletaria. Es la forma del movimiento de masas del proletariado, la forma de la lucha del proletariado en la revolución”. Desde entonces, la hipótesis estratégica del Paro General activa – la “huelga general revolucionaria”, como lo plantearon los revolucionarios españoles, en la década de 1970 – sigue siendo, en nuevas formas, la variante más probable de acumulación de fuerza de las masas contra el orden establecido.

Hoy en día, la relación de fuerzas entre las clases no pone el foco de tales huelgas generales a la orden del día. La burocracia de la CUT y los partidos reformistas se oponen y boicotean la unidad y la centralización del proletariado.

El Paro General tiene varias dimensiones: no es un “gran día de acción”, no es solamente una marcha, como lo plantean los dirigentes de la CUT, nuestro deber es enmarcarlo como un movimiento político de la clase obrera, que hace posible su expresión independiente, crea sus organizaciones – comités de huelga o el comité de huelga central, o sea la necesidad crea el órgano, tiene una funcionalidad en la confrontación con el Estado: la parálisis de la economía, de los ejes estratégicos del transporte y las comunicaciones. Se crea el marco para explicar quien realmente puede controlar la producción y los servicios. Se trata de darle una composición social muy fuerte de la clase obrera, del pueblo pobre y todos los oprimidos, es la forma por excelencia de la intervención directa de la clase obrera.

El MPT cometería un error mayúsculo, si quisiera dar una receta de cocina, de cuales son los pasos mecánicamente el 1, 2, 3, etc. de estas huelgas generales. Ello es un proceso que se lleva a cabo mediante la intervención diaria, de propuestas prácticas para la coordinación, la centralización de las luchas, por la propaganda y la agitación flexibles para crear las condiciones de los amplios movimientos generales de la clase obrera.

Podemos agregar a él o combinar con él la sucesión de grandes manifestaciones de masas que paralizan un país, el problema está en cada caso encontrar las formas que expresan la fuerza del movimiento de masas, su radicalidad y su eficacia en la paralización del Estado burgués. Las explosiones sociales y experiencias de las situaciones pre-revolucionarias, que han tomado lugar en América Latina, nos recuerdan la importancia, en momentos de grandes confrontaciones entre las clases, de huelgas generales y manifestaciones de masas, incluido las insurrecciones.

El “paro general” por sí mismo no resuelve la cuestión de la estrategia de conquista del poder. “Se plantea la cuestión del poder, que no lo resuelve”, dijo Lenin. Para ello, debe ir acompañada de formas de organización y una perspectiva del poder gubernamental.

Este proceso necesita de la auto-organización. En la reconstrucción de una práctica de la auto-emancipación, la auto-organización también tiene un carácter estratégico, ay que confronta lo establecido. Estas estructuras pueden aparecer en el curso de una lucha o una huelga, en la forma de comités de lucha o de comités de huelga elegidos por las asambleas generales, en comandos de propaganda, de solidaridad, etc…

Este tipo de estructuras aparecen en todos los períodos. Surgen, en general, a partir de problemas concretos o en situaciones en las que la gente trata de obtener nuevos instrumentos para hacer frente a la organización de sus vidas en los lugares de trabajo o en las poblaciones. Su nombre varía según el tiempo y lugar en el que se establecen: “soviets”, “comités de fábrica” en Rusia … “comisiones internas” en Italia, las elecciones de los delegados de lugares de trabajo en Alemania, los comités y las milicias en España,  las comisiones, los delegados sindicales en Inglaterra, Jap (Juntas de Abastecimientos y Precios), los comandos comunales y cordones industriales en Chile, “las comisiones de residentes y comités de trabajadores” en Portugal, en la Argentina entre “asociaciones de vecinos o comités” y el movimiento “piquetero”, También puede comenzar a partir de formas jurídicas de las instituciones burguesas en el marco de las instituciones existentes: las elecciones de delegados para resolver problemas poblacionales, creación de estructuras para asegurar el abastecimiento de alimentos, petitorios para reformar la educación, etc.

En resumen, las formas de auto-organización puede ser variada y los revolucionarios no hacen un fetiche de una u otra forma. Lo esencial es la expresión democrática y unitaria de la dinámica del movimiento de masas, con un objetivo: crear los mecanismos más directos de la representación del movimiento de masas. Lo que estas experiencias tienen en común es su potencial de explosividad social, ya que se va superando el déficit de la conciencia política, y se comienza a plantear la necesidad de una transformación radical de la sociedad, que también tiene consecuencias para la organización, el liderazgo de la clase obrera al frente de las masas oprimidas…

En todos los movimientos de masas se pueden crear las condiciones para el surgimiento de nuevas estructuras de representación del movimiento popular, tomando en consideración por supuesto que exista algún tipo de dirección revolucionaria que no tenga amarres ni con el capitalismo ni su estado. Sin caer en ningún tipo de visión lineal del desarrollo del movimiento de masas, que puede adoptar la forma de asambleas generales, comités de acción, comités de huelga, y más tarde comunales o consejos de trabajadores. Nuestro papel consiste en cada ocasión de probar las posibilidades de las nuevas estructuras de auto-organización, de su creación, de la centralización como formas de representación popular, dando prioridad a la organización del pueblo y los trabajadores en sus localidades y sus lugares de trabajo. Planteando siempre el  “socialismo desde abajo”.

 La consigna e implementación del Paro General, debe de ayudar a desenmascarar las lacras del sistema, y cuando se van creando nuevas estructuras de representación popular, comienza a legitimarse el nuevo sistema contra el viejo aparato del Estado central se crean: las comisiones, las estructuras comunales o locales de los “municipios rojos” o “zonas liberadas”. Un proceso de confrontación y dualidad de poder se desarrolla y se produce las fracturas en las antiguas estructuras institucionales existentes. Incluso puede llegar a la dotación de nuevos poderes. Ese es el ejemplo de la Comuna de París, donde se regeneró la comuna gracias a la energía de la explosión popular que se constituye como un órgano de poder popular. Chile, en los años 1970-1973 con la JAP – en los barrios populares – y los cordones industriales – coordinaciones de los sindicatos por zona geográfica – vio el nacimiento de un principio de doble poder, a partir de las estructuras establecidas por las autoridades o por la confederación sindical. Algo de importancia capital que plantea a continuación: las nuevas estructuras que fueron los más efectivos en la organización de la lucha demostrando su eficacia en la resolución de problemas cotidianos, demuestran ser más democráticos, más representativos: demuestran su superioridad.

De ahí que la consigna del Paro General es un proceso, que no podría tener una fecha calendario, a medida que se generaliza, este proceso va en contra de los derechos de propiedad, contra las instituciones y el estado capitalista. El derecho a la existencia tiene prioridad sobre el derecho a la propiedad, la democracia de las nuevas estructuras que representan a los trabajadores – las asambleas de fábrica o de barrio – tiene prioridad y valor real sobre las viejas estructuras, dirigidas por los burócratas y reformista. Se comienza plantear la contradicción en la lucha entre lo viejo y lo nuevo. Lo “nuevo”, el proceso por el Paro General, las organizaciones, comités, asambleas, foros, solidaridad, campañas, etc., pueden ejercer presión sobre la fragmentación e incluso en su momento llegar a romper las instituciones y aparatos de la burocracia y el reformismo, liberando la energía de la clase obrera y del pueblo de esa camisa de fuerza que la mantiene maniatada. Pero también, las demandas democráticas deben ser presentadas dentro de las viejas instituciones parlamentarias o municipales, pero el eje, la prioridad con el fin de resolver la cuestión central de la dirección revolucionaria del movimiento de masas que tienen sus propias formas de organización independiente.

Los revolucionarios están a favor de todas las reformas que mejoren las condiciones de vida y de trabajo de la población. Ellos están atentos o participar en todas las experiencias en las que se saquen conquistas frente a la dominación capitalista. Estos movimientos son decisivos, pero no son suficientes para consolidar esos logros que se han hecho en el largo plazo – las clases dominantes suelen tomar con una mano lo que han dado con la otra. En la construcción de una alternativa, estas experiencias pueden llegar a ser los puntos indispensables de apoyo, pero su acumulación no puede ser suficiente para derrocar a la lógica fundamental de la sociedad. Para abrir el camino hacia el cambio, el capitalismo y su estado debe ser demolido: el estado y la propiedad. Sin una movilización social revolucionaria que rompa la columna vertebral de la dominación capitalista – el Estado – y que sustituye a la propiedad capitalista de la propiedad pública y social, los mecanismos de producción y reproducción del capital siguen dominando a los trabajadores y el pueblo. El combate por el Paro General, puede ser el primer paso en esta larga marcha y su proceso a materializar, su “hoja de ruta”,  utilizando el método del Frente Único de las organizaciones revolucionarias que se reclaman del movimiento obrero, que podría ir verificando los logros, retrocesos, victorias o problemas que se nos vayan presentando en la marcha hacia la revolución socialista, que todos aspiramos.

Diego Carmoni

Revolución Proletaria

Diciembre, 2010